Tengo resaca emocional después de haber ido a Zinc Shower.
¿Sabéis lo que son las Startup, los inversores ángeles, la escalabilidad, el capital riesgo, el negocio creativo, la innovación, “el valle de la muerte” y por supuesto los emprendedores y las empresas? Nosotros tampoco.
Pero de todo esto y un poco más se ha hablado durante tres días en el Matadero Madrid en el festival Zinc Shower. Sí, llamémoslo festival, porque tenía su pulsera para ponerte en la muñeca, sus diferentes escenarios donde había actuaciones que por supuesto se solapaban, y su nave “central” donde comprar comida y bebida.
Después de domar con un látigo al funcionamiento del festival y poder asistir a algunas charlas que prometían ser interesante, quiero compartir con vosotros tres ponentes que me han motivado especialmente y algunos retazos de lo que pude aprehender durante sus charlas. Y decir, que después de esta sobredosis de información, una de las pocas cosas que me han quedado claras es que… ¡Tenemos taaanto que aprender!
El jueves descubrí a Domenico di Siena, que al parecer es una figura ya reconocida en el mundo de la arquitectura y el procomún, y que tiene su proyecto urbanohumano. Nos habló de la Adhocracia y del trabajo en red versus el colaborativo. Mmm…Interesante cambio de enfoque. Nos animó a trabajar y a construir relaciones puntuales que dinamizan y amplían la red, más que empeñarnos en mantener relaciones permanentes y densas, inmovilizadoras. Adhocracia, de “Ad hoc” : aquí y ahora, “para esto”, algo concreto. Su propuesta es apostar también por redes ligeras y móviles, que mediante sinergias consiguen desarrollar proyectos interesantes y provechosos para un gran número de personas, sin el temor de que se disuelvan por no tener la suficiente energía una vez haya terminado dicho proyecto. Este tipo de relaciones se basa en crear un marco ético de cada individuo/empresa, esto dará credibilidad, confianza y criterios para unirse, ya que las uniones se moverán sobre la responsabilidad compartida y libertad de movimiento en lugar del compromiso permanente y quizás paralizante. Según entendí se trata de sumar más que de restar, de seguir creando nuevas formas de trabajo y relaciones laborales ya que las fórmulas heredadas de nuestros padres parecen no servir en el mundo actual (de repensar metodologías y fórmulas en educación se habla mucho, como ya sabéis). De ahí el peligro de mensajes como “la generación mejor preparada”…¿para qué está mejor preparada? ¿en qué sistema? ¿es real?.
Y es que nuestro objetivo no es amasar grandes fortunas para darnos lujos como dar una vuelta en yate y tener helicóptero privado, sino de que nuestro trabajo sea sostenible y de trabajar en lo que nos gusta, de una forma en la que te sientas bien contigo misma. Nuestros lujos quizás sean otros.
Y así pasamos a iniciar la mañana del viernes con Adela Cortina, catedrática de ética y filosofía política de la Universidad de Valencia, que tiene su propia consultoría: Étnor. Ella sí que se mueve entre hombres de traje y corbata oscura y su frase estrella es “la ética es rentable“, bueno, parece interesante ver que desde otros lados también se apuesta por la ética, nos ayuda a dar un paso más hacía romper prejuicios y adentrarnos en el mundo de las grandes empresas, aunque sea por un momento, para saber y quizás entenderlo mejor. En su discurso afirma como la falta de ética ha hecho que el sistema se derrumbe, que lleguemos hasta donde estamos. La ética da confianza, y crea verdaderos ciudadanos, es decir, personas que quieren construir y ser libres con sus conciudadanos, y no a costa de ellos. Personas que llegan a un grado de madurez donde se dan cuenta de que las personas somos interdependientes, de que necesitamos ayuda para desarrollarnos, y que las decisiones que tomamos afectan a otros. Una de las preguntas que lanzó durante su charla y con las que me quedo es: no hay que salir de la crisis sea como sea, ¿hemos aprendido algo de todo esto? ¿se están haciendo nuevos caminos? Preguntas que por desgracia no pudimos debatir en conjunto porque no había tiempo para ello. Las charlas se sucedían una tras otra de forma casi bulímica.
Por último, el sábado asistí al taller de Ricardo Amasté, habitante de Colaborabora , que nos incitó a realizar nuestro propio monstruo de la colaboración. El monstruo como personaje que habita en los límites de lo racional y lo controlado, lo consensuado, que representa la parte negativa de lo humano. Al personificar esa parte que siempre intentamos ocultar, al visibilizar nuestros miedos y limitaciones, se pueden llegar a convertir en poderes, en cualidades.
A mí siempre me gustaron mucho los monstruos, quizás porque son seres que van por caminos creativos aunque no sea su intención, porque evidenciaban la otra cara de lo humano que nadie quiere decir aunque lo tengamos, porque en realidad, ¡son tan humanos!
Si se les mira de otra forma, los monstruos pueden tener valores muy contemporáneos, porque ¿acaso Godzilla no es un monstruo que destruye ciudades inhabitables?, ¿Frankenstein no es colaborativo en sí mismo ya que está hecho de varios cuerpos?(Medusamediación es un poco Frankenstein, hecho con partes de diferentes personas que consiguen formar un organismo, Medusa es un monstruo colaborativo), y ¿qué es la Momia sino reciclaje?
Después del taller tuve un encuentro con nuestra compañeras Les Salonniers, un grupo de artistas que se dedican a la educación a través de la performance. Y estuvimos compartiendo nuestra desorientación en el mundo zinc shower, y en las particularidades de nuestra profesión y nuestros intereses: lo intangible, lo micro, lo no espectacular y sí vivencial.
Nos dimos cuenta de cómo en nuestro ámbito, muchas veces hablar de dinero es algo que no se hace, ayudando a crear dos polos perversos: el de las industrias culturales donde la cultura es tomada como mercancía y sólo se habla en términos económicamente rentable, y el de la educación y la cultura colaborativa donde sólo se habla de conceptos, ideas e ilusiones y pocas veces se habla de cómo puede ser sostenible, de cómo poder crear una industria, o mejor, una rama profesional digna y reconocida.
Así que después de haber estado en el taller nos surgió una idea monstruosa: realizar un zinc shower a medida, donde grupos como los nuestros puedan hablar, dialogar, compartir y comentar los conflictos, las dudas económicas y profesionales, pero también haya economistas, abogados y otros agentes, con los que seguir construyendo y desarrollando nuestro sector de una forma en la que nos sintamos a gusto, identificadas y que sea sostenible. Dignificar nuestro trabajo y poner en valor lo intangible. Porque queremos quedarnos dónde estamos para mejorarlo. Porque queremos resistir. ¿Conseguiremos que el monstruo viva? ¿Habrá otro capítulo? ¿Quién sabe? Desde aquí os animamos a planteároslo, desarrollarlo y construir junto con nosotras.
Patricia Raijenstein









